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Publicado en la ed. impresa: El campo
Sábado 9 de abril de 2005
Innovación: en Entre Ríos
Apasionado por las alternativasAgregar a mi carpeta

Juan Rusinek pone el acento en producciones no tradicionales que, combinadas con agricultura y ganadería, ayudan a la rentabilidad y la conservación del medio ambiente

Cuando el ingeniero industrial Juan Rusinek decidió dedicarse al campo, tuvo que pasar primero por un largo proceso de capacitación y de búsqueda de alternativas que aseguraran la rentabilidad de su nueva apuesta. Su experiencia en la industria y sus años trabajando en el extranjero le dieron dos lecciones respecto del negocio: la clave era buscar la máxima ganancia por unidad productiva, y lograr tener éxito más allá de una coyuntura de precios favorables.

Así, en la Estancia La Santa María, su campo de 1300 hectáreas en Entre Ríos, Rusinek decidió hacer algo más que el clásico mix agroganadero, y buscó otras actividades que no sólo minimizaran el riesgo, sino que se complementaran adecuadamente con agricultura y cría de vacas.

La respuesta la encontró en actividades como apicultura, helicicultura y cultivo de colza, actividades poco comunes en la zona. En un sistema de producción integrada, Rusinek hace agricultura, rotando cereales y pasturas, un mix que le ayuda a preservar el suelo y a la vez sirve de alimento para el ganado que tiene en el mismo campo.

Por otro lado, las colmenas hacen su propio aporte al equilibrio del sistema, ya que las abejas polinizan las flores y las huertas destinadas a la alimentación del ganado y a los recintos de los caracoles, aumentando el rendimiento de esas actividades.

Finalmente, el círculo se cierra con la colza, que sirve de alimento a los caracoles y adelanta la actividad de las abejas, ya que florece más temprano que otros cultivos.

Equilibrio y rentabilidad

"Cuando comencé a trabajar el campo mantuve la premisa de lograr la mayor rentabilidad posible, de modo que así decidí combinar múltiples tipos de producciones", dijo Rusinek, y puso números sobre la mesa para reafirmar su teoría: "Por cada hectárea, la cría bovina deja 30 dólares; la soja, 300, y los caracoles, 3000. Entonces, "¿por qué no combinarlos?", agregó.

En la pata agrícola del negocio, Rusinek produce cereales y oleaginosas tradicionales, como trigo, girasol, maíz y soja, de los que produce en total 3500 toneladas por año, utilizando siembra directa para lograr una mejor conservación de las propiedades del suelo. En el caso puntual del maíz, los granos son utilizados para alimentar al ganado. "Además, para cuidar el suelo, rotamos los cultivos con pasturas ganaderas que, durante el ciclo de engorde, fertilizan la tierra".

A esta parte, la más tradicional de su campo, el productor sumó hace tres años un cultivo atípico: la colza, a la que llegó porque se la recomendaron como alimento para caracoles, sembrando el primer año unas 20 hectáreas. "Luego descubrí una gran ventaja: como cultivo de invierno es mejor que el trigo, ya que tiene un costo de implantación mucho menor (300 pesos por hectárea, frente a los 600 pesos del trigo), y el punto de equilibrio se ubica en los 600 kilos por hectárea".

Además de que la colza florece temprano, por lo que indirectamente produce un aumento en la producción de miel, Rusinek cree que ésta es mejor que el trigo para combinar con la soja, "ya que se cosecha en noviembre, por lo que no se superpone con la soja de diciembre". Para esta campaña, Rusinek sembrará unas 600 hectáreas, no sólo para alimentar caracoles, sino con el objetivo de proveer a la empresa Cargill, que exporta la oleaginosa para la producción de aceites de bajo contenido graso.

Además, el productor usa la colza para alimentar al ganado, "porque el aporte de materia seca que hace es equivalente al del maíz". En el futuro piensa también producir biodiesel a partir de esta oleaginosa, para autoabastecerse y minimizar el impacto de las recurrentes crisis energéticas que afectan al país y a los productores.

En cuanto al rubro ganadero, Estancia la Santa María actualmente tiene 1200 cabezas de Aberdeen Angus, alimentados en la propiedad a base de pasto y maíz de cosecha propia. La carne extraída de estos animales se vende en la zona, a través de supermercados Carrefour.

Luego, "buscando un ciclo económico de externalidad positiva", el productor se inició en la apicultura, una actividad que además aumenta los rendimientos de la huerta y de los caracoles.

"La apicultura nos permite no sólo tener un buen complemento con la helicicultura, sino que duplica la rentabilidad por hectárea ganadera, porque trabajando ganadería con pastoreo intensivo en pradera de alfalfa, trébol blanco y rojo, colocamos 2 colmenas por hectárea". Así, en vez de obtener una ganancia de 60 dólares por cada unidad, que es lo que da la invernada sola, Rusinek obtiene 180 dólares.

La Santa María tiene actualmente unas 1000 colmenas en proceso de multiplicación, cada una de las cuales produce 20 kilos de miel. Por el momento la miel se vende en tambores, pero actualmente el productor estudia alternativas para vender la producción fraccionada.

Una actividad novedosa

"Nuestra actividad más nueva es la cría de caracoles", contó el productor. En este campo, estos animales nacen, se alimentan y reproducen en una huerta orgánica, y reciben un suplemento de sales minerales, que fortalece su caparazón sin alterar el sabor de su carne.

La especie elegida para la cría fue la Helix aspersa, "la mejor por su rusticidad y resistencia para la cría en cautiverio".

Los caracoles se crían de forma extensiva en una superficie abierta de 10 hectáreas.

Este modelo es un factor determinante para el éxito de la actividad, ya que estos animales se desarrollan mucho mejor en condiciones naturales.

El modelo utilizado por la estancia cuenta con un sistema antifuga, con protección del criadero de la intrusión de depredadores y con compartimientos divididos para los distintos momentos de su ciclo de vida.

Además, en los recintos de los caracoles hay un sistema de riego a microaspersión que asegura la cantidad de agua necesaria para una correcta gestión del criadero.

A la alimentación de los animales se agregan girasol, repollo, acelga, zapallo, cultivados en la misma estancia, "a los que se añaden porcentajes de carbonato de calcio natural para ayudarles en la elaboración del caparazón", comentó Rusinek.

La producción total alcanza un volumen de 30 toneladas de caracoles, que se venden vivos y refrigerados a España.

Capacitación y certificación

Para este ingeniero industrial devenido en productor, la clave para incursionar en el campo fue sumar capacitación y certificación. "Soy profesor de Producción en la Universidad de Buenos Aires (UBA), y siempre me interesó el campo. Luego de recibirme hice un MBA (Master en Business Administration) en EE.UU. y, cuando pasé al campo, hice un posgrado de agronegocios", contó.

Para Rusinek, uno de los secretos del funcionamiento exitoso de su establecimiento es la gente que lo acompaña: "Trato de rodearme de jóvenes para trabajar, porque siempre están al tanto de lo nuevo y se abren mucho a los nuevos conocimientos".

En cuanto a la certificación, la estancia Santa María se convirtió en la quinta empresa agropecuaria argentina en certificar ISO 9000-2001, y la primera productora de caracoles en hacerlo. "A veces se cree que la certificación sólo sirve si se exporta, pero es una cuestión que va mucho más allá. Todo funciona mejor si se trabaja en buenas condiciones de higiene y si se respetan las normas".

Sea colza o caracoles, lo importante para este productor es siempre estar actualizado sobre las nuevas opciones. "Todas las producciones fueron alternativas en algún momento. La soja lo fue hace 15 años, el trigo cuando se producían ovejas. Hay que estar atento porque las opciones productivas son infinitas y siempre pueden encerrar buenas oportunidades de negocio para los productores".

Además, la diversificación de actividades tiene una virtud única a los ojos de Rusinek: con ella, "el riesgo cae enormemente. En este momento, las posibilidades de quedar varados son pocas, ya que si una actividad no camina, siempre tenemos el margen que nos reporta alguna actividad complementaria".

Por Mercedes Colombres
De la Redacción de LA NACION


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La cría de caracoles le da al productor una rentabilidad de 3000 dólares por hectárea, y la totalidad de la producción se exporta a España
Foto: Aníbal Greco

Foto: Aníbal Greco