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| El
girasol es uno de los componentes vegetales que se utilizan en
las parcelas “sembradas” con caracoles. |
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| Caracoles:
sumarán 60 hectáreas |
| Por Amadeo Sabattini | Productor
agropecuario |
Durante 2003 se concretó en Argentina la
implantación de por lo menos 20 hectáreas de criaderos en red
y se anuncia el implante de al menos 60 hectáreas más durante
el corriente año. Aunque sin dudas muchos son los factores y
causas que dan cuenta de este fenómeno, en este caso lo
abordaremos desde el punto de vista agrícola y
productivo.
Desde hace un par de años se observa un
gran interés en la helicicultura o cría comercial del caracol.
Ese interés ya se ha traducido en proyectos que se concretan,
en dinero que se invierte, en tecnología que se desarrolla, en
contratos. En nuevos puestos de trabajo.
La promesa de
rentabilidad debe ser la principal causa de este enorme
interés: en forma conservadora se pronostica una utilidad
anual de 10 mil euros por hectárea. Pero, ¿cuáles son las
bases productivas y comerciales sobre las que se asienta esta
rentabilidad? A continuación, algunos
indicadores.
Transferencia de tecnología
La
producción de caracoles era un tema prácticamente desconocido
hasta hace muy poco tiempo.
Una parte importante del
riesgo en la inversión estaba asociado a la inexistencia en
nuestro país de soporte técnico y de especialistas a quienes
consultar. Sin embargo, a partir de los convenios firmados con
el Istituto Internazionale di Elicicoltura de Cherasco
(Italia) este problema encontró un cauce razonable. El
respaldo de la institución es lo que ha permitido iniciar la
actividad con un “mapa” productivo completo.
La
existencia de un modelo completo, por entero adaptable a las
condiciones productivas de la región, ha permitido ahorrar
tiempo, dinero y esfuerzo a los productores locales, que
tienen poco margen para la improvisación. Al mismo tiempo
permitió concentrar el esfuerzo en las necesarias cuestiones
de adaptación, como el desarrollo local de materiales
apropiados, sistema de riego, variedades de cultivo,
etcétera.
Como en otros grupos productivos, las
consultas on-line y telefónicas se complementan con reuniones
periódicas de los supervisores de producción, que de esta
forma comparten problemas y soluciones, directamente en los
criaderos.
Como es lógico para una actividad con
escasos antecedentes en el país, quien recién se inicie en la
actividad deberá ocuparse especialmente en los primeros años
por aprender y aplicar los principios del método; al mismo
tiempo, debe decirse que el manejo productivo de un criadero
no implica operaciones más complejas que el de una huerta de
la misma escala.
La producción del caracol desde el
punto de vista agrícola. Aunque la disponibilidad de un
paquete tecnológico es importante, debe insistirse con que las
bases del negocio y la rentabilidad descansan sobre las
ventajas competitivas de la producción agrícola argentina,
incluidos los recursos humanos. Verdad de perogrullo pero no
siempre presente a la hora de pensar proyectos que, como la
cría del caracol, implican largo plazo.
Con un manejo
adecuado, una hectárea en producción (incluidas las áreas de
alimentación complementarias) producirá entre 7,5 y ocho
toneladas de caracol, lo que representa unas cinco toneladas
de proteína de altísima calidad nutritiva.
Para casi
cualquier proyecto que se piense, la producción agrícola
argentina cuenta con ventajas por la disponibilidad de tierra
y agua, y por la importante experiencia en producción agrícola
acumulada. Pero la crianza de caracoles se puede apoyar además
en elementos que permiten pensar explotaciones a largo plazo,
porque:
Aunque la carga de peso vivo por hectárea (10
toneladas en las zonas de crianza) es muy superior a la
observable en producción vacuna, no hay compactación del
suelo. Esto se debe a que el área foliar de los forrajes debe
considerarse como parte de la superficie productiva, ya que la
mayor parte del ciclo de crecimiento ocurre verdaderamente
sobre la vegetación y no en el suelo.
Se pueden emplear
suelos pobres, con expectativas de recuperación.
El
diseño del criadero y el manejo agrícola evitan la exposición
del suelo a la erosión hídrica o eólica.
El caracol
devuelve como abono toda la zona aérea del forraje; las heces
se distribuyen con una gran uniformidad.
Se plantea
entonces un cuadro muy atractivo en el que se combinan una
productividad elevada con buenas perspectivas para la
conservación del recurso suelo.
Lo que sigue, será ver
que el negocio sea rentable y estable en el tiempo; pero eso
es tema de una próxima nota.
El autor es
coordinador de la red de criaderos de Hélix del Sur y director
del establecimiento El Consuelo, de Río
Segundo.
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