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| Unos
40 riotercerenses han encontrado en el caracol una posibilidad
económica. |
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| Criadores de
caracol de Río Tercero, a punto de tener instalaciones
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| Corresponsalía |
Río Tercero. Hace 13 meses no sabían para qué
podía servir un caracol. Hace 12, hicieron un curso sobre cría
de estos pequeños moluscos y descubrieron que podían
generarles una actividad económica alternativa en el futuro.
Hace nueve meses decidieron comenzar a criarlos en sus
garajes, galpones y patios, pero además crearon la Asociación
de Helicicultores de Río Tercero, para trabajar en
conjunto.
Hoy ya es una cooperativa en marcha. A nueve
meses de aquel inicio repleto de interrogantes, los criadores
de caracoles de Río Tercero están a punto de inaugurar la
primera planta de engorde de la provincia, con tecnología
apropiada, y avanzan en la idea de crear en esta ciudad la
primera planta procesadora cordobesa, para hacer aquí todos
los pasos previos al embarque para exportación.
A casi
un año del inicio ningún productor ganó un peso todavía. Los
que desde un principio asumieron que deberían esperar más de
un año para lograr alguna rentabilidad son los que permanecen
entusiasmados con la idea, y continúan dedicándoles entre dos
y cuatro horas por día a sus crías.
De los más de 130
riotercerenses que hicieron hace un año los cursos de
capacitación promovidos desde el municipio, quedaron en
realidad unos 40 produciendo realmente. El número de todos
modos sigue siendo alto, e impensado para un año atrás, para
una actividad que era virtualmente desconocida.
Diego
Vietti, presidente de la cooperativa riotercerense que agrupa
a los criadores de caracoles, calcula tener en su galpón
particular unos 25 mil caracoles, más unos tres mil
reproductores. Otros andan por los 10 mil en la
actualidad.
“Pensábamos que en este marzo, juntando
toda la producción y agrupándonos con los criadores de otras
ciudades, podíamos hacer la primera exportación. Pero no
llegamos al volumen necesario: Primero porque hubo gente que
dejó, y además porque pasamos un verano atípico en
temperaturas, que a los productores sin unidades climatizadas
los perjudicó bastante”, señala Vietti.
Un galpón de
engorde
La cooperativa de criadores alquiló un
inmueble, donde en 10 días inaugurará una instalación
especialmente diseñada para engorde, y que será de uso común
para todos los socios. Cada uno, en su casa, los criará hasta
los 2,5 gramos, y desde allí engordarán en la sede comunitaria
hasta lograr los 10 a 12 gramos. Así estarán listos para ser
procesados para la venta. “Con esto bajamos en costos y
criamos en mejores condiciones, porque crecen más rápido, más
seguro, y es homogéneo el producto final”, explica Vietti, ya
casi un especialista en la materia.
La instalación
tendrá piso radiante para climatizar y un sistema de
humidificación por micro aspersores, todo controlado por un
sistema electrónico que permitirá mantener en forma automática
el recinto en las condiciones de temperatura y humedad ideales
para el molusco.
Para poder avanzar con esta
instalación –la única en su tipo en la provincia– la
asociación recibió un subsidio de la Municipalidad de 14 mil
pesos. A ese monto, se sumaron los aportes de los asociados.
La sala tendrá una capacidad de producción de 1.800 kilogramos
trimestrales de caracoles.
“Eso representa un volumen
ya interesante, una unidad ya rentable, y de allí en adelante
hay que seguir sumando”, apunta Vietti, convencido que la
cooperativa, y sus asociados, deberán seguir creciendo en
volumen de producción si aspiran en serio a transformar esta
actividad en un negocio rentable y
continuo.
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