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| Suma
seguidores la cría del caracol |
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Paula Martínez
especial
La
cría de caracol en cautiverio es una actividad relativamente
nueva en Argentina. Sin embargo, cada día crece la cantidad de
interesados en desarrollar esta producción
alternativa.
Es que en momentos de crisis, los
microemprendimientos están a la orden del día. Especialmente
los que tengan las características de la producción de
caracoles: requieren una baja inversión inicial y se puede
desarrollar en forma paralela a otra actividad.
En el
tercer curso que organizó la Sociedad Rural de Córdoba y el
Centro de Estudios Agronómicos (Ceda) sobre este tema, se
reunieron alrededor de 250 interesados. El curso fue dictado
por Alberto Coto, titular de la Asociación de Criadores de
Caracoles, de Rosario, pero que expande sus actividades en
todo el país.
La entidad viene trabajando desde hace
dos años y tiene unos tres mil inscriptos, pero sólo 140 están
produciendo a conciencia. Pero, este es un número que se
incrementa día a día.
“Hay mucha gente que comenzó en
un principio, se fue y hoy se reintegra. Para que no abandonen
tan fácilmente, estamos inculcando el asociativismo entre los
participantes de un mismo lugar y esto nos dio muchos
resultados”, señaló Margarita Bogino, miembro de la
asociación.
Desde Córdoba
Precisamente, en
Córdoba, ya está formado un grupo de productores que comenzó a
mediados del año pasado. Pese a que todavía no pudieron
realizar ninguna venta en el mercado (ellos señalan que deben
tomarse el primer año para aprender a partir de la
experiencia) tiene muy buenas perspectivas.
“Esta
actividad nos parece muy viable, creo que dentro de 10 o 15
años va a ser una actividad muy grande”, indicó un comunicador
social que forma parte del grupo. Si bien el mercado existe,
la producción recién está en sus comienzos y para que sea
floreciente va a demandar algún tiempo.
El objetivo
principal de la cría de caracol debe ser la exportación, ya
que el mercado interno es sumamente reducido.
Pero
para vender al exterior se deben sumar voluntades y
producción, para juntar un volumen importante, con calidad
adecuada y relativamente estable en el tiempo.
La idea
es seguir sumando gente. La producción individual sólo puede
venderse en el país. Y este objetivo no parece lejano de
cumplir, porque la cantidad de personas que se suman día a día
es importante. Se trata de profesionales, productores
agropecuarios o trabajadores que quieren complementar sus
ingresos y que ven en esta producción un
atractivo.
“Tengo muy buenas expectativas. Es una
salida interesante porque demanda pocas horas de trabajo, casi
ninguna inversión y es algo que se puede tener en la casa”,
dijo Cristian, un estudiante de ingeniería química que
participó del encuentro.
“Buscamos una actividad
paralela a la nuestra y que no esté explotada”, agregó un
trabajador vial. “Estoy en la búsqueda de otra forma de
aprovechar un campo donde exploto la ganadería”, señaló otro
joven que asistía por primera vez al curso.
Para todos
ellos, la posibilidad de asociarse es muy importante por la
interrelación que genera, y porque se abren mayores
alternativas de comercialización y compra de
insumos.
En la consecución de este fin, la Sociedad
Rural de Córdoba busca servir de espacio de encuentro para que
los productores se reúnan mensualmente y pueda lograrse una
actividad más estructurada en la
provincia.
Negocio casero y de
baja inversión
Inversión. La actividad se puede
comenzar en forma casera, con cuatro o cinco animales que se
juntan en un jardín. Se requiere una nave de cría (en un
galpón) y un invernadero de engorde. Cuando la producción es
más grande hay que tecnificarse para proveer humedad y
calor.
Producción. La reproducción se realiza en la
nave de cría. Los caracoles son hermafroditas y luego de la
copulación ponen 100 huevos cada uno. En cautiverio pueden
realizar dos posturas al año. Con alimento balanceado alcanzan
el tamaño comercial entre los ocho y 10 meses.
Rendimiento. Un kilo de caracol está compuesto por 100
individuos. Se paga alrededor de 3,5 pesos y tiene un costo de
menos de un peso.
Mercados. En Argentina se pueden
vender en pescaderías, restaurantes exclusivos de Buenos Aires
o algunos supermercados.
El principal mercado es
Europa, principalmente Francia (consume entre 45 y 55 mil
toneladas al año e importa entre tres y nueve mil kilos),
España e Italia.
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