La cría de
caracoles terrestres es una actividad zootécnica reconocida
internacionalmente. En la Argentina su desarrollo es, todavía,
incipiente. Por qué el criadero constituye una estructura
imprescindible para mejorar la eficiencia de las condiciones
reproductivas. Datos, costos y detalles de una actividad redituable
y complementaria de las producciones
tradicionales.
Autor: Por Cora Gornitzky Fotos: Alfredo Nardini
LA HELICICULTURA es un
vocablo que proviene del latín y designa un proceso productivo
mediante el cual se procede a la cría racional y en cautiverio de
caracoles terrestres comestibles. El término fue popularizado en las
últimas décadas del siglo XX pero define una práctica que se remonta
a la antiguedad porque, en verdad, este molusco invertebrado
originario de Asia, Europa, Africa del Norte y China fue incorporado
a la alimentación humana desde los tiempos más pretéritos de la
historia.
EL CONSUMO. Francia es el principal consumidor del
mundo. Posee una demanda que supera las 50.000 toneladas anuales, y
para satisfacer los requerimientos del mercado doméstico debe
recurrir a la importación. Italia también importa un 50% de las
12.000 toneladas que consume por año. España, por su parte, compra a
terceros países 4.000 toneladas por año. Entre los principales
exportadores se destacan Yugoslavia, Turquía y Marruecos. En América
latina existen tres países autorizados para el comercio
internacional: Chile, Perú y Argentina. Brasil sólo produce para su
mercado doméstico. En Argentina este particular molusco terrestre
fue introducido por los inmigrantes españoles e italianos, que hasta
hace tres décadas fueron grandes consumidores. Sin embargo, merced a
los cambios en los hábitos alimentarios de las nuevas generaciones
hoy el volumen del mercado interno apenas llega a los 400 kilos
anuales. Las exportaciones, en tanto, no superan las 15 toneladas
por año, aunque la demanda real ascendería por lo menos a 50
toneladas. Hasta ahora el comercio tiene su origen en la recolección
silvestre, lo que por un lado impide la generación de volúmenes
importantes y por otro, supedita el negocio a los vaivenes
climáticos.
CRIADEROS. Frente al aumento de la demanda
internacional y la depredación de las poblaciones silvestres, el
criadero constituye una estructura fundamental para el desarrollo y
expansión de esta actividad económica. Eso es lo que sostienen los
integrantes de la Asociación de Helicicultores, una entidad joven
que reúne a 100 incipientes productores de todo el país: "Por sus
adecuadas condiciones ecológicas, Argentina podría insertarse como
potencial polo de desarrollo para la producción de caracoles. La
brecha entre la demanda y la oferta nos abre la posibilidad de
colocar nuestros productos en contraestación", explica Jorge
Ducassé, el Vicepresidente de la institución. Junto a tres socios de
la entidad ofició de anfitrión en la visita que realizó SuperCampo a
dos criaderos de sistemas intensivos y extensivos ubicados en las
localidades de Baradero y Derqui, en la provincia de Buenos Aires.
En sus testimonios, todos coincidieron en afirmar que, para un
desarrollo sostenido de la helicicultura se requiere tiempo,
dedicación y capacitación. Por lo tanto, aquellos que quieran
iniciarse en la actividad deben entender que no se trata de un hobby
que pueda desarrollarse en el lavadero o el balcón de un
departamento. En primer término hay que conocer las características
biológicas de este animal, que necesita desarrollarse en suelos
calcáreos, con una humedad relativa de 80-86% y una temperatura
óptima de 18-22 grados. En segundo término es importante conocer las
diversas especies con potencial de comercialización y finalmente es
necesario establecer el sistema de cría, de acuerdo a una serie de
factores que se recomienda ponderar con antelación. Vayamos por
parte:
El caracol es
un molusco terrestre con caparazón relativamente fino y un cuerpo
dividido en cabeza, pie y masa visceral. Es un hermafrodita
insuficiente o incompleto, incapaz de autofecundarse. Su aparato
genital está constituido por una vagina, un pene y un dardo,
ubicado detrás de la cabeza en el lado derecho. La cópula dura
aproximadamente entre 10 y 12 horas. El tiempo de incubación puede
fluctuar entre los 15 y los 25 días y el desove demora de 24 a 30
horas. El caracol no posee visión, oído ni olfato. Esas funciones
son reemplazadas por tentáculos oculares. La madurez sexual
depende de cada especie y se establece entre los 105 y los 250
días. Nace en verano, vive activo hasta el otoño y duerme durante
el invierno. En la primavera despierta, come, se fecunda y pone
huevos. Cuando comienzan los primeros fríos, aquel que no alcanzó
a desarrollarse íntegramente hiberna.
Los nuevos
criaderos se han centralizado en las siguientes especies
: Helix Aspersa. Es el caracol común de jardín o petit-gris. En
Argentina es la variedad más conocida. Se encuentra en toda la
Pampa Húmeda. Es el más utilizado en los criaderos por su
rusticidad, resistencia, adaptación al cautiverio y sobre todo por
su precocidad en el crecimiento. Helix Aspersa Máxima. Es el
gros gris o gigante de Argelia. Posee gran fecundidad y en
criaderos climatizados es el de crecimiento más veloz. Helix
Pomatia. Se lo denomina también caracol de Borgoña. Requiere mayor
tiempo para su crecimiento, aunque todavía su carne es considerada
la más refinada. Otala Láctea. Es el caracol de las dunas y se
encuentra en el litoral atlántico. Es una especie abundante en la
Argentina y se consume en España. Su cría en cautiverio resulta
dificultosa.
Entre los
principales sistemas de cría se destacan: La Cría Extensiva. Se
trata de un sistema abierto que se adapta bien a las
características climáticas de la Argentina. Tiene un bajo costo y
no presenta mayores dificultades en su
manejo.
La Cría Intensiva. Se realizan en recintos
cubiertos y mesas de planos verticales que permiten incrementar
considerablemente la superficie de cría. La Cría
Mixta. Es el que más se recomienda. Parte del proceso se
desenvuelve en un ambiente controlado y parte al aire libre o en
invernadero.
EL SISTEMA FRANCES. La cría intensiva es el método
que eligió Silvina Puente para su emprendimiento. "Esta no es una
actividad para el lavadero", advierte . Y precisa que es necesario
contar por lo menos con 700 metros cuadrados. Su criadero está
ubicado en la localidad bonaerense de Baradero. Allí junto a Sully
Rivarola desarrolla las distintas etapas productivas. Cuenta para
eso con dos galpones de reproducción de primera y segunda fase de
cría y un invernadero para engorde. Con su socio todavía no
comercializan la producción pero ganaron experiencia en el manejo a
prueba de ensayo y error. Ellos recomiendan este sistema, que se
desarrolla mucho en Francia, porque es el que mayor rendimiento por
unidad y superficie produce. Permite además la instalación de
criaderos en regiones donde las condiciones climáticas no son
favorables. Y aunque requiere mayor inversión, lo que permite es
modificar el ciclo biológico del caracol y aumentar su número de
puestas. Para lograr un buen microclima implementaron un sistema de
riego Foget que le otorga al ambiente una humedad ideal ya que
funciona mediante una bomba periférica de poca gravedad y mucha
presión .
COMO EN ITALIA. Ese es el sistema que eligió Manlio
Manassero. Fiel a sus orígenes, este Doctor en Química egresado de
la Universidad de Turín, lleva adelante la cría extensiva del Helix
Aspersa. Cuando tenía 31 años llegó a la Argentina. De esto hace
cinco décadas. Hoy con sus jóvenes 81 años es el presidente de la
Asociación Argentina y miembro activo de la prestigiosa Asociación
Nacional de Helicicultores de Italia. Hace un año y medio le arrendó
a un amigo una parcela de tierra en Derqui, provincia de Buenos
Aires. Allí instaló un criadero experimental de 1.000 metros
cuadrados, con tres corrales de 46 por 3,5 metros para reproducción,
engorde y cría. Cada receptáculo está delimitado por un cerco de 90
cm de alto, cubierto por una red especial y provisto de un sistema
de irrigación por aspersión, con hileras de cultivos que sirven como
hábitat, alimento y refugio para la protección solar y un boyero
eléctrico para que los caracoles no se escapen. Cuenta además con un
cuadro para complemento de verdura. "Acelga, perco italiano,
radrizzone y todas aquellas hortalizas de la familia de las
crucíferas que aguanten dos años, coincidentemente con el período de
cría de la ciocholina", como denomina en su lengua nativa al
caracol. "Aquí en Argentina nosotros estamos en una instancia
embrionaria de la actividad, por eso debemos asociarnos, compartir
experiencias y no guardar secretos", recomienda
Manassero.
LAS TRES C. "Calidad, cantidad y continuidad son
las tres reglas que debemos seguir si queremos exportar", advierte
Jorge Ducassé. Desde la Asociación de Helicicultores trabajan
juntamente con la Sociedad Rural de Brandsen y el INTA Cañuelas y
promueven un Proyecto de Ley que ya está en las comisiones del
Senado. La cría de caracoles siempre fue considerada en la Argentina
como un sucedáneo de la pesca. Sin embargo los productores han
logrado que la actividad sea catalogada como una producción
agropecuaria. La mayor demanda proviene de Europa que posee una
importante industria de congelado y envasado pero requiere de
caracoles vivos en contratemporada. Ese es el primer paso que se
plantean dar los helicicultores argentinos para que los caracoles
criollos, esos descendientes que trajeron sus ancestros italianos y
españoles, regresen a las mesas europeas de mayor poder adquisitivo.
Pero saben que solos y aislados no pueden otorgar calidad, cantidad
ni continuidad, por eso proponen asociarse, para que en la Argentina
el tiempo de la helicicultura pueda conjugarse en
presente.
La cópula puede durar entre 10 y 12 horas.
La
primera fase de cría es la etapa más compleja. Requiere limpieza e
higiene rigurosa.